El calendario indica que hoy, día tres de marzo se cumplen 22 años de mi nacimiento. Podría aburrir a la audiencia con datos históricos de lo que ha pasado algunos días tres de marzo pero me horroriza el recordar ese fatídico 3 de marzo de 1996 en el que José María Aznar ganó sus primeras elecciones. Vaya regalito de cumpleaños, quién me iba a decir a mi en ese momento en que yo disfrutaba de mis recién estrenados 9 añitos que trece años después aun estaríamos pagando las consecuencias de esas elecciones.

Prefiero hacer una retrospectiva de mi vida, y ver cómo pensaba yo que me encontraría a los 22. Si me lo hubierais preguntado cuando yo tenía siete u ocho años os habría dicho que con 22 estaría acabando la carrera de arquitectura, ya que en ese momento se me antojaba que sería un buen futuro para mí, o al menos para mi bolsillo. Un poquito más adelante, cuando me encontraba yo a mis trece o catorce años, os pronosticaría que a los 22 estaría acabando la carrera de informática por la misma razón, el boom de la tecnología hacia entrever que eso me resultaría provechoso. A los 17 pensaba acabar siendo economista y estar intentando labrarme un futuro como asesor de alguna gran multinacional o trabajando en la bolsa de alguna gran capital. A los 18 cuando empezaba a ir mal en los estudios no tenía muy claro si acabaría llegando a la universidad pero a los 20 creí estar acertado al pronosticar que acabaría ejerciendo de asesor político u opinador en algún medio de comunicación (eso sí, más tarde de los 22), ya que me encontraba a punto de empezar ciencias políticas. Al cumplir los 21 ya tenía bastante claro que eso no iba a suceder, y empezaba a plantearme en serio una opción que siempre había estado ahí pero que me asustaba a la par que me llamaba la atención, y así me encuentro.

He cumplido 22 y veo que pese a no haber acertado ni de cerca ni una de mis predicciones me encuentro mejor de lo que nunca habría pronosticado. Estudio algo que me apasiona, siento a las personas importantes para mí cerca, aunque algunas no lo estén geográficamente. Y comparto la mayoría de mis días con la persona más maravillosa que he conocido nunca.
Los caminos del señor son inescrutables dicen