En época de exámenes trato de pasar el mínimo tiempo posible en casa. En primer lugar porque tengo televisión, y aunque no suelo mirarla mucho el hecho de estar haciendo algo más aburrido tiende a atraerme al botón de ON. En segundo lugar porque tengo ordenador, y si no es suficiente con la lista interminable de blogs que visito a diaria además soy un adicto a juegos de rol masivos por internet. Y en tercer lugar (y este motivo es momentáneo) están haciendo obras en el piso de encima y el ruido, ignorable si miras la televisión o estás en el ordenador, no lo es si tratas de leer un diálogo platónico.

Debido a estos motivos me ausento de la calidez del hogar y voy a una Sala de estudio que el ayuntamiento tiene habilitada en la plaza central de Macondo. La sala de estudio está muy bien y más en época de exámenes ya que amplian el horario de 10 de la mañana a 1 de la madrugada pero tiene algún inconveniente. Y ese inconveniente se llama adolescentes. A ver, a mi me parece fenomenal que las hormonas les salgan por las orejas, que huelan a sudado y que su cambio de voz les impida hablar bajo (yo también pasé por esa etapa), pero que lo sufran en casa, en una plaza o en un bar. Me toca los cojones (y perdón por mi vocabulario) no poder estar más de treinta segundos concentrado a causa de las risitas, llamadas perdidas, eseemeeses, conversaciones y gritos. Y más cuando estoy leyendo un texto datado de algunos siglos antes de Cristo.

Pero mi queja más que a los susodichos adolescentes va hacia la persona que cobra dinero por vigilar el correcto cumplimiento de las normas de la sala en cuestión. La primera norma y la más importante es el SILENCIO, y en todos los días que llevo tratando de estudiar no he oído una sola vez al encargado/a pedir silencio a nadie o hacer ademán de tratar de echar a alguien. Con lo que mis sesiones de estudio se ven entrecortadas por caminadas de casa a la sala y de la sala a mi casa tratando de encontrar un momento en alguno de los dos sitios dónde estudiar con tranquilidad. Por suerte tengo de 10 de la mañana a una del mediodía y a partir de las 10 de la noche para ir ya que durante estos lapsos de tiempo los adolescentes están en otro lugar.